Pilar ha hecho dos cosas no previstas por el Fonseca: la primera..., cargarse el blog de un "Fonseca en la cocina"; realmente ya no tiene sentido la publicación porque Pilar guisa de tal forma que sus comidas parecen gloria y las recetas mías se han quedado planas y amarillas. Segundo..., porque las recetas que ella escribe carecen de la esencia del blog: la soledad. Así que, alegrándome mucho, cierro el blog, y que los solitarios seguidores de mis guisos sigan mi mejor y más definitivo consejo culinario y de vida: que se busquen otra Pilar; la mía no, eh, aunque la Tejero ciertamente es única en el mundo mundial.
Finalmente, y para aclarar esta ultima aportación de Pilar debo confesar y confieso que hay cierta trampa en la receta de las uvas. Le dije ciertamente que uvas y queso saben a beso, pero me guardé de comentar que el refrán sigue con aquello de que " uvas queso y pan saben a beso de sacristán. Por mi parte no había duda: Pilar no tiene facha de sacristán, ni en la mesa de la chimenea había pan... pero por si acaso guardé silencio por si ella me veía a mí con reminiscencia de cura y ... me quedaba sin besos. Os lo prometo: no fue así. Gracias Pilar por existir.
RECETA DE LAS UVAS CON BESOS SABEN A....
Hace un tiempo cuando llegué al sur escuchaba expresiones y palabras nuevas, una que me gustó especialmente fue: uvas con queso saben a beso...
hoy después de unas experimentaciones culinarias me gusta mucho más y quiero compartirla con todos en este blog de recetas para "solitarios".
Ingredientes:
-música de fondo
-una chimenea encendida
-un bol con uvas negras, apretadas y jugosas
-cuatro manos, dos bocas y un amor
Ha anochecido, estoy concentrada en la escritura, te pido que pongas música clásica, se escucha un chisporroteo desde la chimenea, la escritura sale regular, a trancas... me acerco a donde tú estás sentado para contemplar el fuego junto a ti, en la mesita hemos colocado el bol de uvas. No he de decir en donde se colocan las manos, allá cada cual con las suyas, sólo decir que es fundamental que se entretengan, se rocen, se busquen, se esquiven, se enreden cada una en el otro... las bocas se citan, se acercan, se beben...
Suena el Ave María, ceremonial, sublime... los acordes se mezclan con el crepitar de las llamas, las del fuego, las tuyas, las mías... y ya en plena confusión de piel, de anhelos, de entrega... mis manos se pierden en las uvas y antes de que lo pensemos los granos negros, apretados y repletos de jugo estallan entre tus labios y mis dientes que muerden el grano, el jugo se pierde en el interior de mi boca, ¿o es en la tuya?... la música alcanza el punto cumbre, ¿o somos nosotros?.
Para que la receta salga perfecta es imprescindible que se tengan todos los ingredientes, incluida la nocturnidad... porque las uvas con besos saben a gloria si se tiene al lado a la persona apropiada.
FIN