sábado, 22 de octubre de 2016

PAVO RELLENO DE NOCHEBUENA



EL PAVO RELLENO DE NAVIDAD.

El pavo relleno con cebollitas acarameladas era el rey en la cena de Navidad. Se hacía en casa con el auxilio de Isabel, una vecina que también hacia su pavo y venía a aprender…, año tras año a prender, y así toda la vida. Se comenzaba limpiando bien el pavo, quitando los cañones y plumas y chamuscando con un mi mechero – esta era mi aportación al guiso - las que sean pequeñas para "depilar" el bicho.
Después se inyecta con una jeringuilla 50 ml de vino en distintos puntos de la pechuga y las patas para que quede bien envinado. Luego lo salamos y lo untamos con tocino del jamón de la tía Josefa – regalo de cada Pascua.
El relleno se hace con ciruelas y orejones y panceta que mezclamos con miga de pan. Finalmente añadimos trozos de piña y gajos de naranja mandarina. Vamos precalentando el horno a 220º y mientras, preparamos el relleno. Para ello rehidratamos las ciruelas pasas y los orejones y los cortamos en trozos. La panceta fresca la picamos en trozos muy pequeños y la ponemos con el resto de los ingredientes en un bol, dejando que el pan se empape con el resto.
Una vez mezclado todo, añadimos las manzanas cortadas en gajos y rellenamos el pavo. Luego se cose el pavo y se mete en el horno hasta que esté doradito.
Bien, hasta aquí bien… así se hacia el pavo en casa. Pero en la Almedina, para mí solo, hice algunas variantes para que el guiso “encajara” en mi soledad.
Modus faciendi de la Variantes de la Almedina:
En lugar del pavo de cinco Kg que se compraba en familia, me hice con una perdiz. El limpiado… como en casa, pero sin mechero: con una cerilla es suficiente. Luego viene lo del vino: como no tenía vino dulce busqué en la despensa y le metí al ave lo que encontré: Chivas Regal de no sé cuántos años que me regalaron en una conferencia y que llevaba allí otros tantos. Como la perdiz es pequeña, y no tenía jeringa, usé una agujita de insulina y no sin esfuerzo empapé el ave con medio vaso de wiski del dicho. Una pasada de perdiz beoda quedó el animalito.
El relleno lo podéis hacer con manzana y jamón y quedó gustoso, y todo listo…, pues al horno. Las cebollitas acarameladas las encontré ya hechas en el Super.
Advertencia: si por casualidad llama una desconsolada amiga que está sola y no tiene pavo, y la invitáis a comer, ponedla sobre aviso de que no todo en la Almedina se queda como el pavo: encogido al añadir medio vaso de Chivas.


sábado, 3 de septiembre de 2016

ALCAUCILES A LA BRASA

ALCAUCILES A LA BRASA

Ir a la mata; eso, ir a la mata con tus tijeras, tu cesta, tus ganas de noche y chimenea. Ahí esta la clave de esta receta. Y particularmente a tí, que te pinchas los dedos y sabes chupar desjpacio, casi sin fuerza, casi sin labios, casi sin espera.
Un alcaucil es mucho más que una alcachofa, mucho más que un guiso, mucho más que nada. Un alcaucil señala al cielo en soledad y pincha, cohabita con la brisa, se escurre con la flor ya abierta, con los senderos todos y sobre todo sabe de ti, de tus pasos y tu melancolía. Y sabe de ti por la paciencia cierta de ser apenas nada, de gatear silenciosos por su tallo y de esperar a la vuelta de cada nube a que te acerques, y lo cojas, y llegue hasta tu sangre y te llegues a él y acariciando la herida te susurre al oído: venga ya, soy solo un alcaucil, retrato amarillo de mis besos de antes.

Ingredientes:

Alcauciles medianos
Hoja de laurel
Sal
Cabeza de ajo
Papel albal

Modus faciendi:

Cocer los alcauciles a fuego lento con el laurel y la cabeza de ajo unos minutos. Manténgase la cocción hasta que el alcaucil se abra, se entregue, hasta que sus espinas sean preludio de chupada, de asidero de gloria, de camino a su esencia. Luego los dejas allí, aguardando, intuyendo el mañana.
Al dia siguiente los recubres con albal y los pones en las brasas de la chimenea, brasas también moderadas, envolventes y ciertas.

Finalmente los sacas con las tenazas, quitas el albal y vas chupando hoja a hoja, apretando un poquito los dientes hasta llegar al corazón.

Consejo final: si tienes a tu chica delante, es decir no estás solo, sirve los alcauciles en una bandejita de plata colocada sobre una manta ante las ascuas; ofrécele una hoja agarrándola suavemente - a la hoja, no a la chica - y observa si cierra los ojos... si es así, el guiso te ha salido perfecto.

lunes, 8 de agosto de 2016

SORBETE DE CHOCOLATE AMARGO DE JOSÉ TORRES






EL SORBETE DE CHOCOLATE AMARGO DE JOSÉ TORRES ORDOÑEZ.




Mi amigo José Torres me envía esta receta. La pongo en práctica, la hago, la pruebo y resulta. Pero hay un fallo, José… un patético fallo: Tu sorbete de chocolate amargo debe ser compartido, y este blog es para solitarios. Con tu permiso, pues, hago algunas variantes en el modus faciendi para remediar el asunto:
Receta para dar un golpe de efecto, según JOSÉ TORRES.



Ingredientes y modus faciendi:


20 grm. de Chocolate amargo. Un dedal de esencia de endrinas. Un bastoncillo de canela. Una miajita de miel de nuestra sierra. Calentar y disfrutar de su exquisito sabor y de los efectos colaterales en zonas púdicas . suerte . es como bucear entre las neuronas dándose un baño de refrescantes y lúdicos recuerdos.

Variante de UN FONSECA EN LA COCINA

Modus faciendi
Una vez hecho el sorbete según la sabia propuesta de José, la llamas y le dices:

Tus labios son la tarde,
Y el sabor amargo de tu ausencia los oprime.
Tiienen aún la miel que derramaron
Batiendo como el viento mis esquinas.

Añadiré un dedal a mi pasado
De esencia de endrinas sin espinas,
Y la canela en rama que suavice
El adiós de tu amarga despedida.

Si ya tienes la chica, o te la imaginas, o la llamas, y le susurras el poema al tiempo que pruebas el sorbete, el efecto de la receta de José Torres crece como la uva, arracimando sueños. No lo dudes, es un sorbete …infalible.




BOQUERONES ESCABECHADOS A LA NARANJA.



La esencia de esta receta es el tiempo, la espera, la calma. Nunca entendí la cocina como una carrera contra el reposo, la meditación, e incluso la nostalgia. Para hacer el escabeche de boquerones a la naranja hay que retroceder a la fresquera antigua colgada en la pared, a sus tela metálica que apenas dejaba ver el interior, a la puertecilla lateral que se cerraba con un cáncamo plateado, al taburete donde te subías a fisgonear  la fuente de porcelana que contenía el guiso.
Para disfrutar por entero de los boquerones a la naranja necesitas, además, el recuerdo de la risa de la primita que se subía al taburete a "mirar" el condumio mientras tú la sujetabas por la cintura para que no se cayera.

- No están todavía  - comentaba bajito tu adorada prima - , tendremos que volver dentro de un rato.

Y tú esperabas, y olfateabas los boquerones, y decías mil veces que había que vigilar para que no se pasaran...y notabas que tus manos ardían esperando la cintura, las piernas, los pies de la primita que se ponían de puntillas para ver el escabeche. Y tus manos bajaban, y sostenían, y acariciaban y tus ansias de niño, sin saber casi por qué, se mezclaban con el aroma a naranja exprimida, añadida, susurrante, eterna. En fin, que no digo más: que paso a explicar los ingredientes y el modus faciendi del escabeche de boquerones.


Ingredientes:

Boquerones del día.
Aceite de oliva virgen, picual. 
Vinagre de Módena.
Unas hojas de laurel.
Sal.
Pimienta en grano.
Tiempo.
Un par de naranjas, no mandarinas.

Modus faciendi.

Límpiense los boquerones con esmero y fríanse en  sartén primero a fuego lento y luego se les da un arreo final que los dore bien. Una vez fritos separense dos o tres boquerones y se desmenuzan entre los dedos. El resto se dejan enteros. Pónganse en una olla los boquerones, el vinagre y el laurel y se hierve unos minutos. Añada un chorreón generoso de aceite - preferentemente del mío de la Almedina de Cazorla - , y el condumio se deja reposar doce horas en la fresquera de la cocina - no en el frigorífico - . Tres o cuatro horas antes de servir, sazone y añada los gajos de naranja procurando que alguno de ellos esté un tanto aplastado para que suelte el zumo y la maceración sea perfecta.  Déjese reposar hasta que la primita de antes vuelva a casa y dé el visto bueno, 

Advertencia:

Si ya no tiene prima ni fresquera, deposite en escabeche encima de la nevera y consuma cuando le venga en gana.

jueves, 14 de marzo de 2013

Uvas con besos saben a ...




Pilar ha hecho dos cosas no previstas por el Fonseca: la primera..., cargarse el blog de un "Fonseca en la cocina"; realmente ya no tiene sentido la publicación porque Pilar guisa de tal forma que sus comidas parecen gloria y las recetas mías se han quedado planas y amarillas. Segundo..., porque las recetas que ella escribe carecen de la esencia del blog: la soledad. Así que, alegrándome mucho, cierro el blog, y que los solitarios seguidores de mis guisos sigan mi mejor y más definitivo consejo culinario y de vida: que se busquen otra Pilar; la mía no, eh, aunque la Tejero ciertamente es única en el mundo mundial. 

Finalmente, y para aclarar esta ultima aportación de Pilar debo confesar y confieso que hay cierta trampa en la receta de las uvas. Le dije ciertamente que uvas y queso saben a beso, pero me guardé de comentar que el refrán sigue con aquello de que " uvas queso y pan saben a beso de sacristán. Por mi parte no había duda: Pilar no tiene facha de sacristán, ni en la mesa de la chimenea había pan... pero por si acaso guardé silencio por si  ella me veía a mí con reminiscencia de cura y ... me quedaba sin besos. Os lo prometo: no fue así. Gracias Pilar por existir.


RECETA DE LAS UVAS CON BESOS SABEN A....


 Hace un tiempo cuando llegué al sur escuchaba expresiones y palabras nuevas, una que me gustó especialmente fue: uvas con queso saben a beso...
hoy después de unas experimentaciones culinarias me gusta mucho más y quiero compartirla con todos en este blog de recetas para "solitarios".
 
 
  Ingredientes: 
                        -música de fondo
                        -una chimenea encendida
                        -un bol con uvas negras, apretadas y jugosas
                        -cuatro manos, dos bocas y un amor
 
 
     Ha anochecido, estoy concentrada en la escritura, te pido que pongas música clásica, se escucha un chisporroteo desde la chimenea, la escritura sale regular, a trancas... me acerco a donde tú estás sentado para contemplar el fuego junto a ti, en la mesita hemos colocado el bol de uvas. No he de decir en donde se colocan las manos, allá cada cual con las suyas, sólo decir que es fundamental que se entretengan, se rocen, se busquen, se esquiven, se enreden cada una en el otro... las bocas se citan, se acercan, se beben...
 
    Suena el Ave María, ceremonial, sublime... los acordes se mezclan con el crepitar de las llamas, las del fuego, las tuyas, las mías...  y ya en plena confusión de piel, de anhelos, de entrega... mis manos se pierden en las uvas y antes de que lo pensemos los granos negros, apretados y repletos de jugo estallan entre tus labios y mis dientes que muerden el grano, el jugo se pierde en el interior de mi boca, ¿o es en la tuya?... la música alcanza el punto cumbre, ¿o somos nosotros?.
 
  
   Para que la receta salga perfecta es imprescindible que se tengan todos los ingredientes, incluida la nocturnidad... porque las uvas con besos saben a gloria si se tiene al lado a la persona apropiada.




FIN
 

viernes, 2 de noviembre de 2012

gachas del dia de todos los santos


Gachas solitarias

 

Las quise hacer de ti. Endulzarlas con  tus labios. Hacerlas de postre con canela y miel de caña. Tomarlas en la alfombra del salón, junto a la chimenea.

Pero no; llegaste como las olas a expandirte en espuma sobre mi piel; a besar mis ansias y a marcharte de nuevo hacia tu mar. ¿inyectada en rencor?... Dios no lo quiera; pero eso sí, arrastraste mi alma al rompeolas y allí di vueltas como un trompo. De esa forma me salieron gachas manchegas o amanchegadas: que las comí una vez en un hostal de Manzanares. Me han salido saladas, con más enjundia, con más soledad de las que pensaba hacer a tu lado.

Me las he comido en la cocina mientras encendía las lamparitas de todos los santos. Una lamparita para mi madre, una cucharada de gachas para mí; una lamparita para mi padre…,una cucharada para mí. Una lamparita para mi abuelo Pepe… dos cucharadas de gachas para mí: la mía por mía, y la suya que me la hubiera dado. La ultima lamparita para ti… No, que te has marchado y no estás muerta. ¿Para mí? ¿una lámpara de muerto para mí?...bueno Félix vale, me digo a mí mismo;  pero me como tres cucharadas de gachas, que el muerto al hoyo y el vivo a lo que quede de gachas. Y así ha sido.

Modus faciendi

Hacemos un sofrito  con ajos cortados por la mitad hasta que estén dorados y unos trozo de jamón con tocinito. No digo beicon porque no se si se escribe bacon o qué, y no me apetece mirar si esta en el Diccionario de la Lengua. Añadimos al sofrito unos trocitos de pan cortado en dados.

Añadimos harina, pimentón y agua hirviendo hasta puré espeso. Finalmente añadimos cúrcuma. Se mueve. Si sale demasiado espeso se puede aclarar con leche.

Se le añaden picatostes al servir.

Advertencias

Si las comes solo sin nadie, pues bien. Si hay alguien, mejor no las hagas, no salieron muy buenas.

 

sábado, 20 de octubre de 2012

Pastel ruso con merengue


El pastel ruso con chocolate.

Tenía que llevar algo a un cumpleaños de compromiso y entré en Carrefour.  Ni idea qué comprar: el cava no era el que deseado, el champán inexistente, un rioja pensé que no pegaba en una merienda y en fin, que no sabía que comprar.  Una mujer se apaña mejor para esas cosas, sus regalos siempre aciertan o al menos no se notan, pero un Fonseca no puede comprar medio kg de jamón ibérico que es lo que me apetecía. Y el cumpleaños era de una mujer. Bueno, me dije, el jamón le gustará al marido…; pero no me hacía gracia complacer al marido; la que estaba jamón era la esposa, y…la ilusión es que ella abriera el paquetito y dijera : ummmmmm, que rico debe estar, y me diera un besito en la mejilla. Y si lo que fuera el regalo tuviera merengue y quedara una pizquita en mi piel y viniera la homenajeada con un pañolito y me dijera: agáchate un pelín que no llego…Ay, ay, ay, que no sigo, Fonseca de los cojones – me dije – agarra lo que encuentres y a casa. En fin que como había cola en la charcutería no compré el jamón. Ya arto de paseos por el pasillo encontré algo exótico que un poco de maña transformaría en una tarta admirable y única: el pastel ruso, y lo compré. Y con chocolate por lo de la manchita en la mejilla y el beso, que uno es de ideas fijas.

Pero en casa lo abrí, cargué la manga de merengue y le hice al ruso una cenefa blanca festoneada primorosa. ¡Ea!, ya está, pensé.

Para cerciorarme de mi acierto, que uno debe documentarse para fardar en la fiesta, llamé a Valentina.

-          Oye, Valentina: ¿al pastel ruso se le pone merengué?, o dime ¿qué le pongo para que no parezca que lo he comprado en Carrefour?

-          Al pastel ruso no se le pone nada. Como mucho, acompáñalo con un mayordomo uniformado de rojo y que tenga un buen bigote blanco…

-          ¿Dónde puedo comprar uno; un mayordomo bigotudo, inquirí.

-          Pues en Rusia.

-          Coño, Valentina, me lo pones difícil

-          Ja,ja,ja , y colgó.

En fin, que me planté en el cumpleaños con el pastel en merengado y ya está.

 

Ingredientes:

Pastel ruso del Carrefour.

Merengue.

 

Advertencias

Intenta llegar tarde al cumpleaños para que la gente se sacie antes de lo que sea,  pues el pastel ruso está tan rico que la gente se lo come en un pis pas, y la dueña de la casa ni lo prueba, ni te da el beso, ni queda merengue en tu mejilla.

Otro si digo  :

El merengue se quedó en la bandeja. El pastel ruso se come solo, salvo que lo acompañes con el mayordomo que  insinuó Valentina; ah, y advierto: a mí los mayordomos no me gustan ni con bigote.

viernes, 19 de octubre de 2012

Nueces con miel


Nueces con miel.

 

Preámbulo, introducción y matices.

La idea de este blog era dar recetas para solitarios, separados, divorciados, viudos y… bueno, gente que aprenda a compartir y sobrevolar la soledad. Y todo ello a través de algo inevitable como es la cocina. Mejor diría: las recetas de cocina…: guisar. Nada tan triste ad initio como meterte en la cocina a preparar un par de bocatas de atún o mejillones que sabes que luego comerás solo ante del televisor. Superar esos instantes, crear y compartir cosas sencillas y llenar de ironía la cocina solitaria era mi meta.

El intento era ese hasta que llegaron las recetas de Pilar que, además de ser geniales, han introducido en el blog – con existo clamoroso- un nuevo ingrediente, un maravilloso ingrediente, un ingrediente único: el amor. Y lo hace tan bien nuestra amiga, crea ambientes tan cálidos, tan armoniosos, tan sutilmente mecidos por un erotismo exquisito que uno no tiene más remedio que quitarse el sombrero, y la camisa y lo que sea y rendirse a las almendras garrapiñadas, a las castañas con chocolate o a las nueces con miel. El problema, el arduo problema que se plantea con las recetas de Pilar, es que no te apetece compartirlas, es más te niegas a compartirlas: las haces tuyas, privadas e intimas, y empiezan a no tener cabida en este blog. ¡Coño!: hablando en plata, que publicar esto sería, es, estoy convencido… el colmo.

Voy a meter esta receta de nueces con miel en el blog con una condición: que cada cual que se decida a hacerlas cierre los ojos y le cambie el titulo y piense que son las nueces de Carmen, de Esperanza, de Sofía, de Antonia o, en fin, de la chica esa que ronde su sueño. Y si no te ronda ningún sueño, querido lector, deja el condumio, apaga la lumbre y vete a ver una película de chinos dando patadas. Para hacer con existo las nueces con miel hay que cerrar los ojos y soñar.

Así pues pongo esta receta en el Blog de Un Fonseca en la Cocina con condiciones y con la seguridad de que si la hacer bien habrá desaparecido tu soledad. Suerte.    

 

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Había una vez un pueblo muy bonito; yo tenía un día para perder y decidí irme a ese pueblo a perderlo, pero el día se pegó a mis talones decidido a no soltarme de su abrazo por mucho que yo me escondiese.

Y me escondí, primero en la iglesia, después por las calles más estrechas del pueblo y, en vista de que no conseguía mi propósito, me perdí en el pueblecito cercano, Villanueva de Jiloca, me perdí por las orillas del río, por entre la noguera, y mientras yo hacía fotos se acercó un agricultor, charlamos, me enseñó su huerto, me regaló nueces, saludó y se marchó.

Y allí me quedé yo, con el día ya casi perdido, añorándote y pensando en comerme esas nueces contigo... Y cerré los ojos y mire:

Nueces doradas al calor de tus labios


El fuego está encendido, las nueces por el suelo, la miel brilla dorada en un pequeño cuenco. Y tú, sentado frente a la lumbre reclamas mi presencia haciendo un hueco entre tus piernas, me acomodo delante de ti, me aprisionas dulcemente... El sonido de la nuez al romperse, las gorditas de miel con que la envolvemos , mis dedos buscando a ciegas tu boca, tus manos liberando los botones de mi blusa... gotas de miel resbalan de tu boca hasta mi nuca.

Cierra los ojos amor, cierra los ojos, y mira.