sábado, 3 de septiembre de 2016

ALCAUCILES A LA BRASA

ALCAUCILES A LA BRASA

Ir a la mata; eso, ir a la mata con tus tijeras, tu cesta, tus ganas de noche y chimenea. Ahí esta la clave de esta receta. Y particularmente a tí, que te pinchas los dedos y sabes chupar desjpacio, casi sin fuerza, casi sin labios, casi sin espera.
Un alcaucil es mucho más que una alcachofa, mucho más que un guiso, mucho más que nada. Un alcaucil señala al cielo en soledad y pincha, cohabita con la brisa, se escurre con la flor ya abierta, con los senderos todos y sobre todo sabe de ti, de tus pasos y tu melancolía. Y sabe de ti por la paciencia cierta de ser apenas nada, de gatear silenciosos por su tallo y de esperar a la vuelta de cada nube a que te acerques, y lo cojas, y llegue hasta tu sangre y te llegues a él y acariciando la herida te susurre al oído: venga ya, soy solo un alcaucil, retrato amarillo de mis besos de antes.

Ingredientes:

Alcauciles medianos
Hoja de laurel
Sal
Cabeza de ajo
Papel albal

Modus faciendi:

Cocer los alcauciles a fuego lento con el laurel y la cabeza de ajo unos minutos. Manténgase la cocción hasta que el alcaucil se abra, se entregue, hasta que sus espinas sean preludio de chupada, de asidero de gloria, de camino a su esencia. Luego los dejas allí, aguardando, intuyendo el mañana.
Al dia siguiente los recubres con albal y los pones en las brasas de la chimenea, brasas también moderadas, envolventes y ciertas.

Finalmente los sacas con las tenazas, quitas el albal y vas chupando hoja a hoja, apretando un poquito los dientes hasta llegar al corazón.

Consejo final: si tienes a tu chica delante, es decir no estás solo, sirve los alcauciles en una bandejita de plata colocada sobre una manta ante las ascuas; ofrécele una hoja agarrándola suavemente - a la hoja, no a la chica - y observa si cierra los ojos... si es así, el guiso te ha salido perfecto.