¡Españoles!, vosotros podéis
abandonar esas mochilas porque son vuestras…, pero no podéis abandonar esta
bandera porque es de la Patria. ¿Abandonareis a vuestro general?...; dejareis
que el enemigo se haga con la sagrada insignia? …, y así mi abuelo Pepe me
repetía la arenga del General Prim en la batalla de los Castillejos cuando los
rifeños cercaban y mataban españoles por doquier.
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No abuelo,
no. Corre, abuelo, yo te ayudo, hagamos más soldados españoles, venga abuelo yo
preparo los fusiles…
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Eso: tu
preparas los máuser y las corbatas y yo termino con los cascos y con los ojos
de pimienta…
Y así nacieron los
soldaditos legionarios españoles de huevo duro.
Ingredientes
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Siete
huevos duros
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Catorce
granos de pimienta
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Siete
aceitunas, preferentemente sin hueso y que no sean de cornezuelo.
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Un pimiento
morrón asado en casa o comprado en bote en el super.
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Una banderita
española pintada en papel de fumar y conservando la tirita de cola o pegamento.
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Palillos de
dientes redondos.
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Catorce
gambas menudas y peladas.
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Siete
palillos de dientes recubiertos de chocolate negro.
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Tomate frito.
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Mahonesa.
- Corazones de alcachofa.
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Catorce
trocitos de almendra partidos a lo largo del fruto, es decir que nos queden
especie de tiras alargadas.
Modus faciendi.
A los
huevos duros se les quita la cáscara y se les corta un trocito de cada uno de
los extremos de manera que por un lado nos quede el huevo en pie, y por el otro
tengamos una especie de gorrito con el trozo seccionado.
A continuación se pincha
con los palillos las siete aceitunas que van a ser las cabezas de los
soldaditos poniéndoles a cada una de ellas, como casco militar el trozo de
huevo seccionado, cuidando de desprender con una cucharita la yema adherida
para que el hueco en la clara endurecida coincida con la aceituna. Pinchamos también
los granos de pimienta como si fueran ojos y… ¡zas! Colocamos esta suerte de
cabeza de soldado con casco en los huevos que ya están de pie en una bandeja en la que
hemos colocado la mahonesa como suelo, y el tomate frito como si fuera un
caminito (¡Coño, que lo del camino ha salido en verso ).
Puestas las cabezas en su
sitio, pinchamos con otro palillo de dientes una gamba bien peladita que nos
hará de brazo derecho. Luego atravesamos el huevo duro a la altura de los
hipotéticos hombros con el palillo y colocamos la segunda gamba como mano
izquierda. Esto, como es lógico, para cada huevo- soldado, que si no nos quedan
mancos.
Finalmente con el
pimiento morrón hacemos una especie de corbatitas que pincharemos también en
cada huevo-soldado. Con los trozos de almendra fabricamos los pies colocando el
trozo de fruto seco pues eso: como si fuera un pie.
El garbo del pelotón se
consigue metiendo siete palillos de dientes en un poquito de chocolate
derretido para que parezcan fusiles, y colocándolos con gracia pinchados en las
gambas y apoyado en el hombro del soldado, es decir: en la base de la
aceituna-cabeza y a la altura de la clavícula hombro del palillo de las gambas.
La bandeja debe ser
alargada para dar cabida a seis soldados que se colocan por parejas y un
abanderado delante al que se le coloca, en lugar del fusil, la enseña patria. Las alcachofas se pueden colocar sobre la mahonesa para aparentar los matorrales de los campos de Tetuan que ornaban el suelo de la batalla de los Castillejos.
Para terminar, y a la
hora de servir, se tararea el himno español que como no tiene letra no hay
peligro de hacer gayos.
Recomendación final: asegurarse de que todo esté estable y no se
destruya el pelotón con los vaivenes del camarero, sirvienta o abuelo culinario
que atienda la mesa. También recomiendo
que este guiso se haga preferentemente cuando venga los nietos – día de júbilo –
a visitar al abuelo solitario. Ya ha salido otra vez lo de la soledad…, no
quería pero: ¡Que se le va a hacer!.
Toda la trasiega de este guiso compensa si el nieto visitante y ayudante en la cocina grita al final: ¡abuelo!, que chulos nos han quedado los soldados de España. Y tú respondes: pues claro, hijo, para eso son de España. ¡Joder!, respondes. pues claro. Y engordas como si te hubieras comido un regimiento con pimienta y todo.