miércoles, 29 de agosto de 2012

Soldaditos de huevo duro


¡Españoles!, vosotros podéis abandonar esas mochilas porque son vuestras…, pero no podéis abandonar esta bandera porque es de la Patria. ¿Abandonareis a vuestro general?...; dejareis que el enemigo se haga con la sagrada insignia? …, y así mi abuelo Pepe me repetía la arenga del General Prim en la batalla de los Castillejos cuando los rifeños cercaban y mataban españoles por doquier.

-          No abuelo, no. Corre, abuelo, yo te ayudo, hagamos más soldados españoles, venga abuelo yo preparo los fusiles…

-          Eso: tu preparas los máuser y las corbatas y yo termino con los cascos y con los ojos de pimienta…
Y así nacieron los soldaditos legionarios españoles de huevo duro.

 Ingredientes

-          Siete huevos duros

-          Catorce granos de pimienta

-          Siete aceitunas, preferentemente sin hueso y que no sean de cornezuelo.

-          Un pimiento morrón asado en casa o comprado en bote en el super.

-          Una banderita española pintada en papel de fumar y conservando la tirita de cola o pegamento.

-          Palillos de dientes redondos.

-          Catorce gambas menudas y peladas.

-          Siete palillos de dientes recubiertos de chocolate negro.

-          Tomate frito.

-          Mahonesa.
-      Corazones de alcachofa.
 

-          Catorce trocitos de almendra partidos a lo largo del fruto, es decir que nos queden especie de tiras alargadas.

 

Modus faciendi.

 A los huevos duros se les quita la cáscara y se les corta un trocito de cada uno de los extremos de manera que por un lado nos quede el huevo en pie, y por el otro tengamos una especie de gorrito con el trozo seccionado.

A continuación se pincha con los palillos las siete aceitunas que van a ser las cabezas de los soldaditos poniéndoles a cada una de ellas, como casco militar el trozo de huevo seccionado, cuidando de desprender con una cucharita la yema adherida para que el hueco en la clara endurecida coincida con la aceituna. Pinchamos también los granos de pimienta como si fueran ojos y… ¡zas! Colocamos esta suerte de cabeza de soldado con casco en los huevos  que ya están de pie en una bandeja en la que hemos colocado la mahonesa como suelo, y el tomate frito como si fuera un caminito (¡Coño, que lo del camino ha salido en verso ).

Puestas las cabezas en su sitio, pinchamos con otro palillo de dientes una gamba bien peladita que nos hará de brazo derecho. Luego atravesamos el huevo duro a la altura de los hipotéticos hombros con el palillo y colocamos la segunda gamba como mano izquierda. Esto, como es lógico, para cada huevo- soldado, que si no nos quedan mancos.

Finalmente con el pimiento morrón hacemos una especie de corbatitas que pincharemos también en cada huevo-soldado. Con los trozos de almendra fabricamos los pies colocando el trozo de fruto seco pues eso: como si fuera un pie.

El garbo del pelotón se consigue metiendo siete palillos de dientes en un poquito de chocolate derretido para que parezcan fusiles, y colocándolos con gracia pinchados en las gambas y apoyado en el hombro del soldado, es decir: en la base de la aceituna-cabeza y a la altura de la clavícula hombro del palillo de las gambas.

La bandeja debe ser alargada para dar cabida a seis soldados que se colocan por parejas y un abanderado delante al que se le coloca, en lugar del fusil, la enseña patria. Las alcachofas se pueden colocar sobre la mahonesa para aparentar los matorrales de los campos de Tetuan que ornaban el suelo de la batalla de los Castillejos. 
Para terminar, y a la hora de servir, se tararea el himno español que como no tiene letra no hay peligro de hacer gayos.

Recomendación final: asegurarse de que todo esté estable y no se destruya el pelotón con los vaivenes del camarero, sirvienta o abuelo culinario que atienda la mesa.  También recomiendo que este guiso se haga preferentemente cuando venga los nietos – día de júbilo – a visitar al abuelo solitario. Ya ha salido otra vez lo de la soledad…, no quería pero: ¡Que se le va a hacer!.
Toda la trasiega de este guiso compensa si el nieto visitante y ayudante en la cocina grita al final: ¡abuelo!, que chulos nos han quedado los soldados de España. Y tú respondes: pues claro, hijo, para eso son de España. ¡Joder!, respondes. pues claro. Y engordas como si te hubieras comido un regimiento con pimienta y todo.

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