La sopa de escarola es la
receta apropiada para cuando llegas a casa en una noche de invierno –
preferentemente solo - y el frigorífico tiene, si acaso, la luz. Más plano que el culo de un payaso, y en los
rincones… telarañas. Y eso ocurre cuando lo del súper se retrasa por otras
tareas o por falta de pelas y vas agotando existencias hasta…¡la sopa de
escarola!
-
Escarola…¿Está
usted sola?
-
Ajo, por la
escalera de abajo.
Este es el quid de la
cuestión y de la sopa de escarola. Así decía el dicho y con razón; dos cosas,
dos ingredientes quiero decir, tienen la palabra: primero la pregunta: escarola
¿está usted sola?; Es decir, que si tienes a mano algo más que escarola no
hagas esta sopa; tómate una lonchita de jamón, elabora una tortilla francesa,
trocea unos taquitos de queso, unos restos de la comida de al medio día, unos espárragos
con bayonesa, una latita de atún o incluso un hoyo de pan y aceite con un
poquito de azúcar. Así que de entrada, y sine qua non, para hacer esta receta, y que resulte, es que la escarola esté sola.
La segunda premisa es el ajo. Porque el ajo, que ha hecho la
pregunta obtiene la respuesta adecuada… Ajo, por la escalera de abajo. ¿Qué
quiere decir la emocionada contestación de la escarola?, pues está claro como
el agua: Que venga, que entre, que le da paso hasta las entrañas, que su
textura y la del ajo se acoplaran gustosos en el condumio, y que además, dice
la escarola: entre por la escalera de abajo; lo que es tanto como indicar que
nadie lo vea, que nadie lo perciba, que se llegue a ella con sigilo, con
silencio, con delicadeza. Y así ambos se entregarán en el hogar calentito del
puchero puesto a fuego lento para que el condumio se consume. Todo un romance,
toda una historia de amor, toda una sensación inconfundible de paz y de entrega
cuando metes la cuchara en el cuenco y humea y aprietas las manos contra el
tazón intentando amarrarte a tu soledad.
Ingredientes
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Una bolsa de
escarola, que ya viene limpia y troceada en el Súper.
-
Unos dientes
de ajo.- Aceite de oliva, preferentemente picual, por supuesto virgen extra.
- Vinagre de Jerez.
- Sal
- Cúrcuma
- Pimienta.
- Tazón de porcelana de Pikman.
- Servilleta de hilo con encaje de bolillos.
- Cuchara de plata.
- Soledad.
Modus faciendi.
Se filetean los ajos para
dejarlos dorados y preciosos en la sartén con un chorreoncito de aceite. Este
es uno de los secretos de la receta, pues si los ajos se queman la escarola los
rechaza y se pone negra y la cosa no va. Tampoco pueden quedarse crudos, pues
en tal caso no entran bien en la hoja y no se consigue la unidad que la receta
precisa.
Fileteados y dorados los
ajos se le da un hervor a la escarola de unos cinco minutos procurando que el
agua cubra por completo la verdura y cuidando el fuego para que los trozos
dancen en ella suavemente, sin estridencias, sin sobresaltos. Cuando la
escarola está a punto y calentita se añaden los ajos y se menea el sistema
delicadamente. No agitar en demasía, que
el ajo debe quedar entero y poderoso.
Añádase finalmente un
poquito de cúrcuma y pimienta, la sal y unas gotas de vinagre de Jerez.
Preséntese la sopa de
escarola en sopera de porcelana Pikman y tómese en tazón con decoración
azul y con cuchara de plata. Límpiese
los labios y el bigote con servilleta de hilo con encajes de bolillos.
Al final, y usando el
trozo de servilleta no utilizada, puede uno
secarse las lágrimas.
Buen provecho.