miércoles, 11 de julio de 2012

ACELGAS ILUSTRADAS




ACELGAS ILUSTRADAS


Aquella mañana de julio mi soledad era total. Una soledad fría y abrazada al alma. Y esas soledades, para quién las haya sufrido, o disfrutado – que de todo hay en la viña del Señor - , hacen que  más  que tuyas te transportes a ellas, a sus aristas y a su frío. Deambulas por ellas, te sumerges en ellas, te detienes  en ellas y te vas difuminando poco a poco en el angosto camino que te ofrecen y te obligan a tomar. Granada, en aquella mañana de julio estaba acompasada, bulliciosa, viva, casi erótica en sus calles, en sus plazas, en el agua de las fuentes, en las sombras de los cipreses y las puertas automáticas de cristal de los comercios que se abrían a tu paso incitando a que entraras. Granada, mi ciudad, mi paisaje y el escenario todo de mi vida estaba allí, a mi lado, casi dentro de mí, pugnando por mitigar o acrecentar mi soledad.

¿Y a qué viene esto en un escrito sobre un plato de acelgas?; pues viene, y tiene su causa, en que entré en el Corte Ingles y compré sin pensar, si saber por qué, sin razón alguna una bolsa de acelgas. Podía haber comprado escarola, o lechuga, o canónigos o espinacas: pero no, compré unas acelgas y un botecito de aceite o vinagre,  no recuerdo con precisión lo que era, de Módena; y salí de nuevo a la Carrera de la Virgen con mi paquete y mi soledad. Y por la Carrera de la Virgen me tropecé con Eugenia

-          ¿A dónde vas, hermano?

-          Pues no lo sé, no voy a ninguna parte. Estoy aquí y ya está. Me duele el alma.

-          El alma no duele, hermano.

-          Si que duele, Euge. A mi me duele, no tengo donde ir y Granada está preciosa.

-          ¿Has comido?

-          No tengo hambre. He comprado unas acelgas y me sentaré en un banco.

-          ¡ Como vas a comer acelgas sentado en un banco!, ni que fueras una vaca.

-          Las vacas no se sientan en los bancos.

-          Anda, ven, me dijo y la seguí.

 Fuimos a casa de Euge y nos metimos en la cocina. No tengo más que unos huevos , aceita y pan Bimbo, comprobó. Dame las acelgas…; y le di las acelgas y el Módena. Haremos una sopa de acelgas y freímos un huevo.

-                          A mí no me gustan las acelgas…

-          Pero si las has comprado tú.

-          Y entonces me di cuenta de que en efecto aquello eran acelgas, y que yo las había comprado y …, bueno que no teníamos otra cosa .

       -          Yo no quiero un huevo pelao sin papas y sin chorizo y sin nada y … de guarnición, pues eso: las acelgas.

-          Haremos otra cosa, dijo Eugenia. Haremos acelgas ilustradas, que para eso tú eres un ilustrísima…


Y limpió las acelgas con mimo y les dio un hervor; luego las sacó del agua, les echó el huevo, unas gotitas del aceite- vinagre de Módena y unos picatostes de pan , especie de dado, fritos previamente. El mejunje lo puso en un bol primoroso de cerámica sevillana de Pikman y los colocó en una bandejita de plata, y abrió una botella de Marqués de Cáceres blanco. Sacó de un cajón unas servilletas de hilo bordadas y …¡ a comer!. Las acelgas ilustradas estaban riquísimas: calentitas, con el dorado del Módena y el sabor afrutado del Marqués de Cáceres.

-          Estas acelgas ilustradas están hechas para que tragues tu soledad.

Ingredientes de las acelgas ilustradas

-          Una bolsa de acelgas
-          Aceite de oliva virgen extra – preferentemente de cosecha propia -
-          Pan de Bimbo
-          Crema de vinagre de Módena
-          Una poquita sal
-          Marques de Cáceres blanco.
-          Una bandeja de plata.
-          Mantelito y servilletas de hilo
-          Dos copas de vidrio checo – del último viaje a Praga –
-          Dos bol o tazas de cerámica de la Isla de la Cartuja de Sevilla.
-          Una hermana caritativa.

Modus faciendi.

 Háganse con amor.




 

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