Tengo tres granados en la Almedina y este año se han abierto antes de tiempo
y los frutos no están del todo buenos. Los granos pequeños, y tirando a rosa
por algunos sitios, no impiden que estén dulces y con un sabor fino y casi
sensual que me recuerda la fragancia y la esencia de los jardines de mi ciudad,
de los jardines de la Alhambra; que por algo le pusieron a Granada, Granada.
Dicen los estudiosos que lo de Granada viene de Garnata ... ¿y lo de Garnata de
donde viene?. Yo creo que alguien, que no tenía ciudad, se estaba comiendo una
granada allá por Sierra Elvira, hace muchísimos años, pues eso: que vio los
meandros del Genil sobre la Vega y el fruto que tenía en la mano y comprobó que
los bordes de la granada abierta eran meandros marcados de verde sobre granos
arracimados y prietos en su interior. Luego se imaginó las casas del Albaicín o
la Sabica y el Palacio rojizo allá en lo alto... y: pues ya está. En fin, que
las he cogido y las he puesto sobre papel de periódico en el quicio de una
ventana. Y ahí estaban hasta que ha llegado visita con niños y no tenía nada
que darles más que yogur. Dos yogures griegos de esos del Mercadona. Y como
esto es un palacio y aquí vive un Fonseca, sólo pero Fonseca, pues decidí
hacerles un postre inolvidable. Un postre mágico, les dije; un postre que no
olvidareis nunca aventuré.
Lo malo es que del dicho al hecho hay mucho trecho, y cuando uno es un
bocazas y le cuenta a los niños que por la noche, en la Almedina, una doncella
uniformada se pasea por los pasillos llevando una bandeja de plata con los
postres más exquisitos se imaginarse pueda, y que la doncella de marras viene
cada noche hasta mi puerta y me dice:
-
Sr. Marqués:
quiere probar el pastel de manzana, o el hojaldre de alas de querubín, o el virolo
de Baeza.
-
Hija, le
respondo de mala gana, que hubiera preferido decirle … ven pa ca con bandeja y
todo – pero esto me lo callo, y menos escuchándome los niños el cuento de la
doncella, y digo: Hija, yo no soy el marqués, yo soy un simple Fonseca.
-
Bueno, pero
Vd. ejerce de marqués; de marqués solitario, pero marqués al fin de cuentas.
¿No es Vd. el dueño del Palacio?, pues todo dueño de este palacio tiene derecho
a probar cada noche el mejor postre de la cocina más selecta del mejor
restaurante de los duendes que viven en la Almedina.
-
¡Eso no es
verdad!, tío Félix, dicen el más espabilado de los sobrinos. ¿te crees que
somos tontos…? Los duendes no tienen restaurantes…
-
Te lo estás
inventando, tío Félix, eres un mentiroso..
-
¿Ah, sí?,
pues si no os lo creéis no os daré de la maravillosa crema Alhambrina que me
dejó anoche la doncella.
-
Yo si te
creo, tío Félix, responde la más pequeña de los niños intentando, como no, que
le dé a ella las sobras de la crema Alhambrina. Y claro, al momento se suman
los demás y ya está el Fonseca en un apuro. Y así nació la crema Alhambrina
ayugurada o zumo de granadas con yogur que viene a ser lo mismo, aunque con
matices.
Ingredientes
-
Tres
o cuatro granadas recién cortadas y preferentemente con los granos rojos.
-
Tres yogures
( yo puse solo dos y salió escaso) griegos del mercadona.
-
Un poquito de
azúcar morena ( morena porque no tenía otra)
-
Quince o
veinte flores de jazmín
-
Un trozo de
gasa o redecilla, o material similar para engarzar los jazmines.
-
Cuatro
chinchetas
-
Bandeja de
plata
-
Cucharitas ad
hoc y platos minúsculos de los de los juegos de café ( una por niño)
Modus faciendi
Se parten las granadas y
se les mete la minipimer. La pasta conseguida no suelta el zumo apenas; hay que
prensar o centrifugar tal como hacemos en la almazara de la Almedina para sacar
el aceite. Para prensar se mete la pasta de granada en una bolsa de plástico y
se aprieta con fuerza hasta… , hasta que no se rompa la bolsa como me pasó a mí
y lo puse todo pringando. Para centrifugar, se coge la bolsa y se le da vueltas
a estilo onda, pero con cuidado que no se escape y se estrelle contra la pared
de la cocina.
Conseguido el zumo
(advierto que no es fácil) se mezcla con el yogur meneando con tenedor
despacito y se añade el azúcar moreno si el yogur del mercadona no está
azucarado. Si lo hemos comprado azucarado se puede omitir este paso. El
producto final se mete en el congelador de la nevera un ratito mientras los
niños juegan o les cuentas un par de cuentos.
La pasta se coloca en un
cuenco, y este sobre la tabla de partir los fiambres o el queso y se tapa con
el tul de marras antes dicho cuidando de que quede abombado sobre la crema y el
cuenco, de manera que el resultado sea una media esfera del tamaño aproximado
de media sandia. Para conseguir el efecto deseado puede pincharse las cuatro
esquinas del tul con cuatro chinchetas. Terminado el artilugio se engarzan las
flores de jazmín en el invento de la
gasa hasta que no se vea el cuenco ni la crema. Colóquese todo sobre bandeja de
plata que lleva , alrededor del condumio, los platitos minúsculos del juego de
café.
Advertencias
Como
habia cuatro niños y dos yogures, la distribución de la pasta Alhambrina ha de
ser meticulosa y exacta para no crear problemas. Y no lo olvide… esto es un
postre mágico que me dejó la doncella del palacio de la Almedina con la
exigencia de absoluto secreto. Nadie, nunca jamás, pase lo que pase, debe saber
el misterio de este dulce encantado. Vosotros niños, antes de comer, tenéis que
prometer que no se lo diréis a nadie… ¿vale? Y todos dicen que sí y entonces le
das a oler uno a uno – y mejor en penumbra – los jazmines y les sirves con una cucharita
minúscula un trocito no mayor de una aceituna picual en el platito de café. Si
os gusta, podéis repetir y aquí termina la preparación de la crema Alhambrina y
todos tan contentos, menos yo que me temo que mañana se presenten otros cuatro
sobrinos a probar el nuevo postre de la doncella uniformada. Y yo, hasta ahora,
sin probar ni el postre ni la doncella. Y es que tengo un sino…