domingo, 23 de septiembre de 2012

Castañas con chocolate


Me envía Pilar esta receta de castañas. Castañas con chocolate. De momento no he podido probarlas. Me faltan las castañas, que todavía no las hay; me faltan las brasas, que aún no he encendido la chimenea; y me falta Pilar, que no está aquí. Así que solo tengo para hacer el guiso, el cuento y las rodillas y …, la verdad, tiene esta receta un regusto tal que anhelo ya los primeros fríos para estar comiendo sin parar hasta S. José. Yo añadiría al condumio algunas precisiones, algunos consejos, algunos requisitos para que el proceso de hacer este postre fuera perfecto…, pero me los callo para que cada cual se los imagine.

Solo una apreciación, y esta es importante: este blog viene recogiendo recetas de solitario, de divorciado, de viudo…; recetas para hacer en soledad. Estas castañas con chocolate no, esta receta hay que hacerla en pareja, que si no, no sale. Y para terminar: se trata de un postre presunto, hipotético, futurible, pues no creo que al guisarlo se pueda terminar siempre el proceso. Puede que antes, preferiblemente a la hora de sacar las castañas del fuego, y comerse furtivamente “alguna” , los cocineros se descuiden en otros menesteres y las castañas que aún están en el nido de ascuas acaben como un tizón. Cosas de la vida. Bueno, ahí va la receta de las castañas con chocolate.

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¡¡¡CASTAÑAS!!!

... con chocolate


Ya está aquí el otoño, la lluvia resbalando por el cristal, el viento, los grises, los ocres... llega el tiempo de preparar la leña, de pasear por la montaña, llega el tiempo de acurrucarse junto a la chimenea... y de asar castañas.

Es imprescindible que sea un día de lluvia suave, pasear por el Moncayo, (a ser posible en buena compañía) junto al Monasterio de Veruela, hay un paseo bordeado de castaños, bien, ese el lugar ideal para recoger las castañas, además, irremediablemente, pisarás charcos.

Una vez recogidas las castañas, ya bajo techo, sentados en el suelo al lado de la lumbre, se limpian las castañas, (en Aragón, escoscar las castañas) hacemos nidos con las brasas y vamos colocando en ellos las castañas... una a una; una tú, una yo; una tú, otra yo... en ese vaivén de manos que se rozan enrojecidas por el calor de la lumbre.

Cuando las castañas se calculan asadas, (un cuento que me susurras sentada en tus rodillas) se sacan del fuego con ayuda de unas pinzas de cocina, se colocan sobre la bandeja y vamos preparando un chocolate fundido, que deberíamos haber hecho en vez del cuento... Bien, ya tenemos el chocolate fundido a baño maría y sin sacarlo de allí, para que no se enfrié, nos disponemos a quitar la piel a las castañas, aun están muy calientes; cojo una, me quemo, la suelto, soplas mis dedos ardiendo... en fin, poco a poco, que a cuatro manos es algo más lento; cuando tenemos una castaña limpica, la sujetamos por un extremo con las pinzas y la bañamos en el chocolate, se coloca luego sobre una fuente y repetimos el proceso, castaña, me quemo, soplas... Una castaña, dos castañas, tres castañas; y te como una; una castaña, dos castañas, tres castañas, y me comes dos.

Al finalizar este paso, tendremos una fuente grande, medio llena de castañas bañadas de chocolate.. Las dejamos reposar un ratito y las comemos después acompañadas de un moscatelico de Encinacorva; mucho mejor que el típico cigarrillo, ¡Dónde va a parar!


Espero que os chupéis los dedos...



 

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