Cuando la abuela Luisa salía a la puerta de la calle
a atender a uno de los cien vendedores que voceaban sus productos es que el
asunto lo merecía. Normalmente salía Manolita, la doncella, preguntaba al de la
bicicleta lo que traía, y actuaba en consecuencia: es decir, se llegaba a la
abuela y le daba la noticia de si la miel era de caña o de abeja, si los espárragos
eran gordos y del día, si el conejo tenía los ojos limpios o si los huevos eran
de los blancos o de los tostados. Si el vendedor era el de los garbanzos, o el
afilador, o en fin el alpargatero o el paragüero o el artesano o artista – que no
es lo mismo – que se tratase pues eso: que la Manolita venía previamente a la
abuela y le daba la noticia de que al paraguas de D. Francisco se le había roto
una varilla, o que el culo de la silla de anea de la cocina tenía un agujero o
en fin que la Manolita trasladaba la necesidad perentoria en razón al pregonero
que vociferaba en la calle.
Pero aquella mañana no fue así. La abuela Luisa
salió a la calle con la segunda doncella, la Rosario, porque el Eufemiano se había
comprado una Guzi, y bajaba con la moto a Motril a subir boquerones directamente
desde el copo. Además sabía que a la Rosario le gustaba el Eufemiano y quería
saber por dónde iba el asunto. La cajita de boquerones que portaba la Guzi tendría
unos cinco kg de pescado y una rociada de hielo picado y semiderretido, no olía
mal y al menos de momento no tenia moscas; además los boquerones estaban
tapados con una gasa de tul protegiendo el articulo de miradas y manoseos y por
lo tanto el pescado, sentenció Luisa, era comprable.
-
A cuanto los llevas
-
A cuatro pesetas el kg. Y
le puso al platillo de la romana un
papel de estraza y colocó los boquerones intentando, al dárselos a Rosario, que
la moza le rozara la mano…
-
¡ agárralos así que se te
caen!, y le puso la mano contra la de la muchacha y se la colocó en el pecho,
cerquita de la teta derecha…¡Ay!, quien fuera boquerón, le dijo.
-
Venga pa dentro, le dijo
a Rosario, pagó las dos pesetas del medio kg y se fue a la cocina. Además de
los boquerones sacó de la despensa los demás ingredientes, a saber:
Ingredientes
para Boquerones en escabeche:
- Medio kilo de boquerones
- 2 zanahorias
- 2 dientes de ajo
- 1 cebolla
- 1 hoja de laurel
- pimienta en grano
- 1 clavo
- una cucharada de pimentón rojo
- 1 vaso de vino blanco
- Medio vaso de vinagre
- Aceite de oliva
- Harina para rebozar
- Sal
Lo puso todo encima de la mesa, llamó a Dolores
Picalascoles - la cocinera segunda – y le
dijo:
-
Dolores: vamos a hacer
boquerones en escabeche. Coge usted los boquerones, los limpia, lo tiene tres padrenuestros
debajo del chorrito de agua del botijo – por entonces no llegaba el agua
potable a los grifos en el pueblo – los sala una pizca y los reboza en harina.
Luego me los trae usted que yo los vea.
Un cuartito de hora más tarde apareció Dolores con
el plato de los boquerones enharinados.
-
Bien, ahora los fríe en
la sartén y los pone en el lebrillo pequeño. Echa en el mortero los ajos, la
cebolla muy picada, unos granos de pimienta, el vaso de vino y el vinagre y
dale a la mano cinco padrenuestros. Lo hechas todo sobre los boquerones y les
das un hervor. Luego me lo traes que lo vea.
Cuando la Dolores trajo el condumio, la abuela lo
probó, le añadió la sal y el clavo y le dijo a la cocinera:
-
Ponga Vd. El escabeche en
la fresquera con la tapadera del perol . Hoy es martes, nos lo comemos es
viernes. Tres dias para que tome sabor. Y cada dias le añade usted una nueva
hojita de laurel.
Luego, por la tarde, cuando nos daba a los niños el
pan y el chocolate, Luisa cogía una cucharilla de café, se llegaba a la
fresquera muy despacio, levantaba la tapa, probaba el escabeche y decía…:
mañana, a punto.
Y salió el escabeche de boquerones casi tan bueno y
tan gustoso como los arrechuchones que el Eufemiano le dio a la Rosario a la
noche cuando vino a la puerta a preguntarle a la moza si su señora no querría
un kilito de pescado que le había sobrado de la venta. Hay que tener la Guzi
pagada pa cuando me dejes que te lleve al catre. Y Rosario se metió pa dentro a
dar el recado con cien mariposas revoloteándole las entrañas. La abuela, mientras, escribía en un papelito la receta de los boquerones en vinagre.