viernes, 19 de octubre de 2012

Nueces con miel


Nueces con miel.

 

Preámbulo, introducción y matices.

La idea de este blog era dar recetas para solitarios, separados, divorciados, viudos y… bueno, gente que aprenda a compartir y sobrevolar la soledad. Y todo ello a través de algo inevitable como es la cocina. Mejor diría: las recetas de cocina…: guisar. Nada tan triste ad initio como meterte en la cocina a preparar un par de bocatas de atún o mejillones que sabes que luego comerás solo ante del televisor. Superar esos instantes, crear y compartir cosas sencillas y llenar de ironía la cocina solitaria era mi meta.

El intento era ese hasta que llegaron las recetas de Pilar que, además de ser geniales, han introducido en el blog – con existo clamoroso- un nuevo ingrediente, un maravilloso ingrediente, un ingrediente único: el amor. Y lo hace tan bien nuestra amiga, crea ambientes tan cálidos, tan armoniosos, tan sutilmente mecidos por un erotismo exquisito que uno no tiene más remedio que quitarse el sombrero, y la camisa y lo que sea y rendirse a las almendras garrapiñadas, a las castañas con chocolate o a las nueces con miel. El problema, el arduo problema que se plantea con las recetas de Pilar, es que no te apetece compartirlas, es más te niegas a compartirlas: las haces tuyas, privadas e intimas, y empiezan a no tener cabida en este blog. ¡Coño!: hablando en plata, que publicar esto sería, es, estoy convencido… el colmo.

Voy a meter esta receta de nueces con miel en el blog con una condición: que cada cual que se decida a hacerlas cierre los ojos y le cambie el titulo y piense que son las nueces de Carmen, de Esperanza, de Sofía, de Antonia o, en fin, de la chica esa que ronde su sueño. Y si no te ronda ningún sueño, querido lector, deja el condumio, apaga la lumbre y vete a ver una película de chinos dando patadas. Para hacer con existo las nueces con miel hay que cerrar los ojos y soñar.

Así pues pongo esta receta en el Blog de Un Fonseca en la Cocina con condiciones y con la seguridad de que si la hacer bien habrá desaparecido tu soledad. Suerte.    

 

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Había una vez un pueblo muy bonito; yo tenía un día para perder y decidí irme a ese pueblo a perderlo, pero el día se pegó a mis talones decidido a no soltarme de su abrazo por mucho que yo me escondiese.

Y me escondí, primero en la iglesia, después por las calles más estrechas del pueblo y, en vista de que no conseguía mi propósito, me perdí en el pueblecito cercano, Villanueva de Jiloca, me perdí por las orillas del río, por entre la noguera, y mientras yo hacía fotos se acercó un agricultor, charlamos, me enseñó su huerto, me regaló nueces, saludó y se marchó.

Y allí me quedé yo, con el día ya casi perdido, añorándote y pensando en comerme esas nueces contigo... Y cerré los ojos y mire:

Nueces doradas al calor de tus labios


El fuego está encendido, las nueces por el suelo, la miel brilla dorada en un pequeño cuenco. Y tú, sentado frente a la lumbre reclamas mi presencia haciendo un hueco entre tus piernas, me acomodo delante de ti, me aprisionas dulcemente... El sonido de la nuez al romperse, las gorditas de miel con que la envolvemos , mis dedos buscando a ciegas tu boca, tus manos liberando los botones de mi blusa... gotas de miel resbalan de tu boca hasta mi nuca.

Cierra los ojos amor, cierra los ojos, y mira.

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